Calidad: el hándicap de la traducción automática

En los últimos años se han desarrollado muchas herramientas automáticas de traducción, pero ninguna alcanza el nivel de calidad requerido para prescindir de un traductor nativo. De hecho, esta automatización impulsada por la inteligencia artificial ha disparado la contratación de expertos supervisores y revisores.

La inteligencia artificial sigue cometiendo errores fundamentales que pueden cambiar el sentido completo de una frase, dejarla sin sentido alguno o no traducirla por no detectar un error en el texto de origen.

La traducción automática suele ser muy precisa a nivel de oración, sin embargo, no debemos caer en la trampa de pensar que un texto traducido con una precisión alta palabra por palabra significa que la oración o el documento tengan sentido.

Los motores de traducción automática están mejorando cada día, mediante la evaluación de la calidad, la reducción de los tiempos de edición y la producción de resultados superiores. A pesar de todas estas mejoras, un cliente nunca aceptará una traducción literal o con errores gramaticales u ortográficos.

Actualmente está en auge un modelo que utiliza la traducción automática aplicando una evaluación de la calidad. Se trata de saber si una traducción automática es buena o mala sin intervención humana. Sin embargo, está comprobado que una traducción automática no puede alcanzar el nivel de fluidez humano ya que no tiene en cuenta puntos fundamentales como el tipo de público al que se dirige el texto, la ubicación geográfica (por ejemplo, español de España/español de México), estilo del documento en base a su tipología (comercial, jurídica, financiera).

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