Mediación intercultural: desarrollo del acompañamiento

Como comentamos anteriormente, el proceso de la labor de mediación es complejo. El intérprete debe tener claras una serie de pautas para encarar el trabajo con las herramientas adecuadas. Intentaremos desglosar cuales podrían ser esas etapas:

1- Aclarar las cuestiones básicas:

  • Procedencia de la persona con la que vamos a trabajar. En ocasiones los profesionales que encargan los servicios de interpretación (o traducción), no tienen claros ciertos aspectos referentes a los idiomas. Tratándose de lenguas minoritarias o dialectos algo desconocidos pueden producirse confusiones que lleven a un error y a imposibilitar el trabajo del profesional (Por ejemplo, suponer que en todos los países musulmanes se habla árabe o desconocer que en África hay más de 1500 lenguas autóctonas).
  • Saber su origen nos servirá también para tener en cuenta especificidades culturales que pueden ser muy importantes a la hora de tratar con el solicitante como cuestiones religiosas o tabúes sociales.
  • Conocer con antelación particularidades relacionadas con la situación social de la persona a la que asistiremos, pues eso nos será de ayuda a la hora de enfrentar el trato que le daremos.

2– Entrevista con el responsable que ha solicitado el servicio del intérprete, ya sea perteneciente a una ONG o a los servicios sociales. Este debe explicarnos cuál es el objetivo de la mediación:

  • Dónde se va a realizar: Administración, centro de salud, centro de enseñanza.
  • Qué se pretende obtener: Información legal, explicación de un diagnóstico, comparar notas con los profesores del colegio.

3– El trabajo que debemos realizar y los límites que no debemos cruzar deben quedarnos claros antes de empezar. El traductor/intérprete debe asegurarse de que realiza su trabajo cumpliendo con unos estándares de ética y calidad irreprochables. Siempre debemos tener en cuenta la responsabilidad en nuestro trabajo, pero en la mediación intercultural esta va más allá. En otras ramas de la interpretación podemos hacer un acercamiento más aséptico a nuestra labor, sin temer involucrarnos personalmente. En los casos más difíciles podemos cruzar ciertos límites y hay que tenerlo en cuenta.

Si creemos que no podemos hacer frente a la tarea impuesta debemos rechazarla. El código deontológico así lo exige. Igualmente debemos aceptar que nosotros no podemos solucionar los problemas del solicitante. La empatía mencionada puede hacer que nos pongamos en el lugar del otro, pero nuestra labor es la de servir de puente entre las dos partes sin involucrarnos.

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