Tarifas de traducción: ¿bueno, bonito y barato?

Escrito por Marta Barrero – MARA VEGA COMUNICACIÓN – para ABC Translink.

La semana pasada dedicamos el artículo de nuestro blog a hablar sobre uno de los escasos beneficios que nos ha legado la última crisis económica: el incremento de la calidad.

Hoy vamos a reflexionar sobre otra consecuencia del cambio de las reglas del mercado en los últimos años: el abaratamiento extremo (y a veces absurdo) de las tarifas.

Ofertas dudosas

 

Oferta del mes, chollo, 3×1, rebajas, más que rebajas, ofertón, súper rebajas… la escasez de la demanda y el exceso de la oferta ha provocado un cambio en nuestra mentalidad como consumidores: todos, en mayor o menor medida, decidimos adquirir productos o contratar servicios con una óptima relación calidad-precio y huimos de los productos que son más caros que otros de similares características.

Este es un comportamiento totalmente lógico ya que al disponer de recursos más limitados procuramos estirarlos lo más posible. Tendemos a priorizar la adquisición de los productos más necesarios y demandamos que estos duren el mayor tiempo posible.

Hasta ahí, todo normal. Pero el tema se complica cuando nos vamos al otro extremo, a pedir más por menos, a comprar teniendo en cuenta sólo el precio final que marca la etiqueta, a decidirnos por la oferta más barata sin comprobar que sus características sean las que realmente necesitamos. En definitiva, a pedir duros a cuatro pesetas.

Nadie da duros a cuatro pesetas.

¿Recuerdas este sabio refrán? En el caso de la adquisición de productos es fácil pensar en ejemplos: todos sabemos que unos vaqueros de 100 euros no durarán lo mismo ni conservarán el mismo aspecto al cabo de un año que una prenda similar de 5 €. También somos conscientes de que un filete de ternera de Galicia de a 21 € el kilo no tiene el mismo sabor que otro sin denominación de origen que está de oferta a 8 € el kilo.

Pero ¿vemos tan claro el tema de la calidad cuando contratamos un servicio determinado como, por ejemplo, una traducción?

Siguiendo con los ejemplos del párrafo anterior: ¿te fiarías de una traducción del español al árabe de 10.000 palabras que costara 10 €? ¿Crees que si te piden 25 € por traducir la descripción de los 250 productos de tu tienda virtual estás consiguiendo un gran chollo?

El intento de ahorrar costes fijos, de estirar al máximo el presupuesto mensual ha llevado a ciertas empresas a escatimar los fondos dedicados a contratar ciertos servicios. Desde nuestro punto de vista es un error que, a la larga, tiene sus consecuencias.

Un servicio de traducción e interpretación de calidad cuesta lo que vale: el tiempo, la experiencia, la dedicación y el saber hacer de auténticos profesionales. Y eso no quiere decir que las tarifas deban ser caras, nada más lejos de la realidad. Estas tarifas deben ser justas, realistas y adecuadas a las necesidades del cliente final, a tus necesidades.

¿Quieres saber más? Contacta con nosotros.

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