Extranjerismos en la era tecnológica y digital

Hace tiempo hablamos sobre la influencia y el abuso de las palabras originarias de otros idiomas en nuestra lengua, pero con el paso del tiempo y, sobre todo en determinados ámbitos, hemos ido viendo como la aparición de esas palabras aumentaba exponencialmente.

La presencia cada vez mayor de la tecnología, las redes sociales o la informática en nuestra vida cotidiana ha dado como resultado que gran parte del vocabulario relacionado con esas materias se mantenga en su lengua de origen o no varíe casi nada respecto del original. No es algo extraño, en las lenguas de Europa la existencia de palabras provenientes del griego o del latín, ya sea de forma íntegra o en su raíz semántica, es muy elevada. Puesto que el inglés es la lengua en la que se distribuye la tecnología es lógico que la presencia de anglicismos sea abundante.

La lengua hablada tiende, indefectiblemente, a economizar y a acomodar y es evidente que hay idiomas más adaptables y más apropiados para determinado tipo de comunicación. Es innegable que el inglés es un idioma apto para la tecnología: cómodo para la creación de nuevos términos, fácil para la condensación semántica, etc.

La controversia sobre la necesidad de traducir o no estos términos viene de lejos, pero se acentúa ahora, que los campos que más utilizan ese vocabulario comienzan a formar parte de nuestra vida diaria.

¿Traducir o no traducir? esa es la cuestión. Quizá la mejor postura, como para muchas otras cosas, sea encontrar el término medio. Cada ámbito puede tener sus consideraciones y cada contexto sus propias posibilidades.

Sin duda la gente más joven, acostumbrada al manejo de ese vocabulario, encontraría extraño utilizar las traducciones, pero ¿cuánta gente conoce realmente el significado del extranjerismo que está usando? Mucha, simplemente, lo maneja sin más.

¿No sería más fácil para las personas ajenas al mundo digital que se adentran en el por primera vez emplear palabras españolas que sirven igualmente para definir situaciones o expresar acciones? Seguramente sí.

Dentro de los extranjerismos tecnológicos podemos hacer tres grandes grupos:

– Los que no se traducen por dejadez de los usuarios.

– Los que perderían sentido al pasarse a otro idioma, porque implican conceptos o referencias.

– Los que no se pueden traducir porque sencillamente no existen en otro idioma. Puesto que no siempre es posible la traducción, el profesional que tiene ante sí un texto de estas características, debe tener en cuenta una serie de consideraciones. No es lo mismo un texto de marketing empresarial que un documento divulgativo sobre informática. El contexto es esencial para hacer uns traducción de calidad.

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